Había
que defenderse de la toma hostil que de manera encarnizada estaban
haciendo Carlos Ardila Lülle, Julio Mario Santodomingo y Jaime Michelsen
Uribe. Corrían los años 70 del siglo pasado y los empresarios
antioqueños estaban inquietos por la inminente pérdida de las empresas
símbolo de la región, que de a poco estaban quedando en manos de
verdaderos pulpos de la economía.
Era el año 1972, Adolfo Arango
Montoya, presidente de Cemento Argos; Jorge Molina Moreno, presidente de
Suramericana, y Samuel Muñoz Duque, presidente de Nacional de
Chocolates, veían con preocupación cómo las compañías emblema de la
región iban quedando en poder de los capitalinos, quienes de manera
astuta y con mucho dinero en el bolsillo, iban comprando acciones para
hacerse a un porcentaje considerable de la participación accionaria, que
posteriormente les daría la mayoría en esas empresas.
Prueba
fehaciente de ello fue lo que ocurrió en 1973 con Coltejer, textilera
insigne de la región, que fue adquirida por Ardila Lülle, quien en una
de sus primeras decisiones, sacó de la Junta Directiva a Samuel Muñoz
Duque y a Jorge Molina Moreno.
Este fue el detonante para que
naciera el Grupo Antioquia, luego conocido como Sindicato Antioqueño y
hoy Grupo Empresarial Antioqueño, que tenía como objetivo proteger los
intereses de los pequeños accionistas en las principales empresas.
Incluso,
el Grupo Santodomingo también llegó a tener el 15 por ciento de
Chocolates y al empresario Augusto López Valencia en su Junta.
Se inicia enroque
¿Cómo
hacerlo? Con el cruce de acciones de varias compañías, lo que evitaría
que los tentáculos de los conglomerados foráneos se apropiaran de las
firmas, en lo que en el mundo empresarial se conoce como el 'enroque
paisa'. Al trío de Arango Montoya, Molina Moreno y Muñoz Duque, se
unieron Fabio Rico Calle, entonces gerente de Colcafé, y Guillermo
Moreno Uribe, vicepresidente de Suramericana. Mientras hacían consultas,
reuniones y acuerdos, para actuar, pasaba el tiempo y se seguían
perdiendo posiciones. Moreno Uribe, quien sucedió en la presidencia a
Jorge Molina, jugó un importante papel al negociar, impidiendo la
consolidación de estos grupos en Suramericana de Seguros.
La
sociedad anónima abierta, que era la figura bajo la cual estaban
Suramericana, Argos y Nacional de Chocolates, era el mecanismo que
querían destruir los nuevos inversionistas, quienes con cuantiosos
recursos y el uso de métodos no ortodoxos, pero legales, pagando precios
en apariencia altos por porcentajes minoritarios de las acciones de una
compañía, podían hacerse a su dominio.
Así pasaron varios años
hasta que el martes 28 de marzo de 1978, un grupo de empresarios,
convocados por Santiago Mejía Olarte y Ricardo Ángel Villa se reunieron
en Proantioquia con una premisa: crear un movimiento en defensa de la
sociedad anónima y del patrimonio industrial de Antioquia.
A la
primera cita acudieron 12 empresarios, entre los que se cuentan Vicente
Uribe Rendón, presidente del Banco Comercial Antioqueño; Jorge Molina
Moreno, presidente de Suramericana; Samuel Muñoz Duque, presidente de
Nacional de Chocolates; Adolfo Arango Montoya, presidente de Argos;
Fabio Rico Calle, gerente de Colcafé; Darío Múnera Arango, presidente de
Coltabaco; Iván Correa Arango, presidente del Banco Industrial
Antioqueño (hoy Bancolombia) y Jorge Posada Greiffenstein, presidente de
Fabricato, entre otros empresarios.
Allí, decidieron que debían
unirse para evitar que los grupos Grancolombiano, Ardila Lülle y
Santodomingo se quedaran con las empresas antioqueñas.
El
'enroque paisa' había empezado y lo que hicieron fue configurar un
capital para comprar acciones, no solo de Argos, Chocolates y
Suramericana. También adquirirían participaciones en Cine Colombia,
Colseguros, Bavaria y otras empresas distintas, para tener margen de
maniobra a la hora de negociar. En una segunda reunión, en la que
estuvieron presentes 17 empresarios, se designó a Fabio Rico Calle para
que coordinara el movimiento.
La permuta
Con
Rico Calle ya como presidente de Nacional de Chocolates, en 1980,
iniciaron las negociaciones con Jaime Michelsen. Con frecuencia a los
empresarios se les veía en el Club Unión, haciendo consultas y buscando
la manera de conseguir dinero para llevar a cabo estas operaciones
financieras. Héctor Arango Gaviria, entonces vicepresidente Financiero
de Chocolates, recuerda que "estábamos muy pobres", debido a las
inversiones que se habían hecho en otros negocios y a la construcción de
la planta en Rionegro y otros proyectos.
Así fue como un grupo
de periodistas económicos los bautizó como el 'Sindicato Antioqueño',
porque se les veía en la cara la necesidad por conseguir capital, para
lograr el objetivo de defender estas empresas.
Un día Fabio Rico
llamó a Héctor Arango y le fijó una tarea específica: "vamos al archivo
(de Chocolates) y busquemos los bienes improductivos y de baja
rentabilidad que tengamos y que tengan otras empresas, para hacer un
paquete que nos permita hacer una negociación con (Jaime) Michelsen",
que ya tenía un 34,8 por ciento en Nacional de Chocolates y "una
participación no significativa, pero importante en Noel y quería más".
Solos,
los directivos se fueron a esculcar qué se podía ofrecer. En lo
hallado, se metió en la misma bolsa lo siguiente: la finca la Holanda en
Sabaneta (de Tejicóndor), acciones de la Industrias Metálicas de
Palmira, de Comestibles La Rosa y de Conservas California, una hacienda
en Caucasia, la fábrica de grasas La Americana, un terreno en Niquía
(Bello) y un inmueble ubicado en Bogotá. Pero hacía falta más: 300
millones de pesos que fueron girados por partes iguales entre Noel,
Nacional de Chocolates y Colseguros.
"Plata es, lo que la plata
vale", fue la respuesta de Jaime Michelsen cuando Fabio Rico le ofreció
hacer una permuta, entregándole estas propiedades a cambio de las
acciones que el banquero tenía en Nacional de Chocolates y Noel.
Manuel
José Arrázola por parte del grupo Grancolombiano y Héctor Arango
Gaviria, por los parte de los adquirentes, empezaron a negociar y a
materializar este acuerdo.
Durante nueve meses, día y noche, los
delegados cruzaron papeles, conceptos jurídicos y financieros para
finiquitar la negociación. Javier Jaramillo Velásquez, quien por varios
años fue presidente del Grupo Mundial, antes funcionario de Chocolates,
hizo las veces de delegado privado para tramitar documentos y así
generar una absoluta confianza entre las partes.
El 25 de agosto
de 1981 se selló la negociación, bajo la tutela de Fabio Rico Calle, lo
que permitió recuperar los títulos de Nacional de Chocolates y de Noel,
garantizando el nacimiento del Sindicato Antioqueño.
Firmaron la
escritura de permuta Abel Pérez Gil (Tejicóndor), José Gutiérrez Gómez
(Corporación Financiera Nacional), Adolfo Arango Montoya (Cemento
Argos), Humberto Cortés (Colombiana de Seguros), Carlos Arturo Córdoba
(Noel), Fabio Rico Calle (Nacional de Chocolates), Fabio Orozco
(Inversiones e Industria), el padre Lorenzo Salazar (Seminario Conciliar
de Medellín), Pablo Echavarría Toro (Caribú) y Jaime Michelsen Uribe
por las empresas del Grupo Grancolombiano.
Para darle viabilidad
económica a los negocios de acciones y ser fieles a la estrategia de
devolverle a los accionistas la propiedad de su empresa, Nacional de
Chocolates tomó estas acciones y las que readquirió al Grupo
Santodomingo y las colocó entre los accionistas que a lo largo de los
años fueron fieles a la empresa y no le vendieron a los inversionistas
temporales.
Consolidación del GEA
Así fue
como ocurrió una de las historias más apasionantes del mundo económico
de los negocios, que significó el nacimiento del Grupo Empresarial
Antioqueño (GEA), compuesto por el Grupo de Inversiones Suramericana,
Inversiones Argos y Grupo Nutresa, un triunvirato de organizaciones que
permitió la creación del principal conglomerado económico del país.
Con
negocios en los sectores financiero (seguros, seguridad social, banca
universal, pensiones y cesantías, operador de información, apoyo),
cementero, energético y de alimentos, estas tres empresas pasaron de la
consolidación nacional a la expansión internacional, convirtiéndose en
jugadores de peso de América Latina.
Al adquirir activos por
3.763 millones de dólares de ING hace tan solo unas semanas, el Grupo
Sura quedó con presencia en ocho países de Latinoamérica: Chile, México,
Perú, Uruguay, Panamá, República Dominicana, El Salvador y Colombia.
Por
su parte, Argos es líder en el negocio cementero en Colombia y el
Caribe, al tiempo que juega un papel relevante en el sureste de Estados
Unidos, donde hace poco amplió su participación al comprar activos por
750 millones de dólares, además de exportar a 39 países.
Nutresa
no se queda atrás. Tiene siete líneas de negocio distribuidas en
galletas, chocolates, café, pastas, cárnicos y helados, ocho plantas en
Colombia, Estados Unidos, Costa Rica, México, Panamá, Perú, Venezuela y
República Dominicana. Como si lo anterior fuera poco, vende sus
productos en 75 países.
La contribución económica de estas
empresas a la economía del país no es de poca monta: 6,3 por ciento del
PIB (26,6 billones de pesos de ingresos operacionales al cierre de
2010), 20,7 por ciento de participación en el mercado bursátil
colombiano y una capitalización bursátil de 44,9 billones de dólares en
los últimos 13 años.
Lo que viene
Bajo la
administración de David Bojanini García (Grupo Sura), José Alberto Vélez
(Inversiones Argos) y Carlos Enrique Piedrahita Arocha (Grupo Nutresa),
el enroque continúa "vivito y coleando".
Las tres organizaciones
hablan el mismo lenguaje y se fortalecen para continuar con su
crecimiento y desarrollo, bajo unos parámetros de administración que se
irrigan por todas las empresas del GEA, figura que aunque no existe y
nunca ha tenido cimiento comercial o jurídico, se conoce a este grupo de
empresas que incluyen, entre otros, a Bancolombia, la entidad
financiera más grande del país; Colinversiones, compañía que se
fortalece en el mercado de la energía como el cuarto generador,
Suramericana de Seguros (Generales y de Vida), Protección y otras
empresas, bajo focos muy claros.
Para David Bojanini García, el
enroque y la posterior evolución que se ha tenido para adaptar estas
empresas a un entorno de globalización y de alta competencia, ha
permitido que estas organizaciones se desarrollen de manera
significativa y que sus accionistas, en general, se hayan beneficiado de
esa estrategia que se ha perfeccionado a través de los años.
"Esa
estrategia ha permitido que las acciones de estas empresas se valoricen
significativamente. Esa es parte central de nuestra tarea: generar
valor a los accionistas", dice el directivo.
Confirma que la
tarea de sus antecesores fue admirable y por eso todas, o casi todas sus
políticas de administración, de ética y de Gobierno corporativo, siguen
vigentes, bajo modelos actualizados. Y menciona nombres como los de
Jorge Molina Moreno, Guillermo Moreno Uribe, Fabio Rico Calle, Nicanor
Restrepo Santamaría, entre muchos otros, como los que "realmente se
preocuparon porque todos estos conceptos se fortalecieran y perduraran
en el tiempo".
Opina Bojanini García que con el paso de los años,
estas compañías han sido líderes en fortalecer los mercados de
capitales, líderes en gobierno corporativo, líderes en buenas prácticas
de gestión, líderes en los procesos de internacionalización... "Son
empresas que se han encargado de llevar el buen nombre de Colombia más
allá de las fronteras del país".
¿Le molesta que los llamen
Sindicato? José Alberto Vélez, presidente de Argos, responde que no, con
una sonrisa amplia. Ese remoquete es cosa del pasado y en lo que se
concentran los administradores es en seguir fortaleciendo las compañías.
¿Y
quién es dueño de qué? ¿Cuál es el accionista mayoritario? El
empresario vuelve a sonreír cuando dice que son los colombianos porque
los fondos de pensiones colombianos son los principales accionistas de
las tres organizaciones.
El enroque de las compañías se mantiene
porque el Grupo de Inversiones Suramericana es dueño del 37,7 por ciento
de Nutresa y del 36 por ciento de Argos; Nutresa tiene el 12,4 de Argos
y el 12,7 de Suramericana; mientras que Argos posee el 10,4 por ciento
de Nutresa y el 37,6 por ciento de Suramericana.
"El enroque lo
vamos a mantener porque fue lo que permitió repeler los inversionistas
que se querían llevar estas empresas de la región. No podemos permitir
que se vayan porque la contribución que hacemos no solo es económica,
sino también social, ética y empresarial", apunta José Alberto Vélez.
REF:http://www.elcolombiano.com/asi_nacio_el_sindicato_antioqueno-GAEC_147414